Los bancos centrales se lamen las heridas de guerra antes de abordar la temida estanflación
Los guardianes del dinero mantienen cautela ante la escalada de precios por el cierre de Ormuz, un retiro espiritual colectivo para decidir la táctica de combate contra una inflación importada que no asfixie a sus economías, con pulso débil. Washington, Fráncfort, Londres y Tokio han impuesto un compás de espera que recuerda la prudencia de los años setenta y se aleja del activismo monetario del último decenio