Mis amigos Magali y Adrián
Ayer entré en la Caja Rural a eso de las once, cuando la mañana ya ha cogido cuerpo y el sol templa la piedra de la calle. Me tocó Adrián. Da gusto ver a un chaval tan dispuesto y tan mirado para sus cosas; me despachó el asunto con una diligencia limpia, sin rodeos. Como se le nota