Guerras repugnantes
No hace falta ser muy lumbreras para discernir entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo sano y lo enfermo. La pregunta entonces es por qué nos cuesta tanto conseguir discriminar , sin remordimientos y sin muchos quebraderos de cabeza, entre estos opuestos. Nos las ingeniamos para enmascarar con gran maestría las mentiras, y las