A sus 83 años, rechaza más de 350 millones de euros por la empresa a la que salvó de la quiebra para donarla íntegramente a fines benéficos y proteger a sus empleados
Eddie Smith ha transferido el control de Grady-White a un fideicomiso para preservar la compañía y prevé canalizar mediante una entidad sin ánimo de lucro sus ganancias futuras