Poepintadas
Al paso que pateaba con el perro la ciudad, le entró la manía -una manía tonta como otra cualquiera- de fijarse en las fachadas pintarrajeadas. No le movía un afán censal o censor; ni hacía fotos, puesto que no le interesaban las multiformes composiciones pictóricas. Su atención se centraba en el contenido de los mensajes garabateados. Primero los