Dame veneno que quiero vivir
Cuando tenía quince meses tuve quemaduras de segundo grado en la cara. En uno de esos impulsos por querer descubrir el mundo y, según me cuenta mi madre, en el instante en el que ella se dio la vuelta para coger una taza del armario de la cocina, yo me agarré a los pomos de las puertas inferiores, me puse de