Plan de perfección
Ciertos sabios -o no tanto- de la Antigüedad presumían de aplicar determinadas recetas infalibles para alcanzar ese grado de perfección al que aspira todo humano que se precie. Bastaba, decían, con domeñar tres principales vicios o pasiones desmedidas. Consideraban que los apetitos carnales desbocados obstaculizaban el camino a la cordura y, por ende, a la felicidad.