Crónica de este Gijón del alma
Amaneció Gijón, en la fiesta de San Pedro, con ese cielo ceniciento que aquí no entristece a nadie. Al contrario. Parece que la ciudad se reconoce mejor bajo las nubes, como si el Cantábrico hubiera enseñado a los gijoneses que la alegría no necesita siempre del sol. Los paraguas florecieron temprano por las calles, negros, azules, de cuadros. Un