Sin un adiós, por Carlos Zanón
Cuando hace tres años me instalé en Poblenou entré en su bar. Su rótulo verde prometía entrepans, bar y restaurante, y se llamaba Ángel, pero como los mejores amores de la vida, todo era más o menos mentira. Hacían bocadillos, sí. ¿Era un bar? También, y podías llegar a...