Ayer aún
Ayer aún teníamos veinte años. Ayer aún, es verdad, acariciábamos el tiempo con la palma abierta , convencidos de que era nuestro, dócil, a la par que infinito. El reloj no mordía. Los días se derramaban lentos y uno podía darse el lujo de desperdiciarlos, de aplazar sueños para el lunes siguiente, para el año que viene, para ' cuando