El santo de las muletas
A las ocho y cuarenta y cinco aparece Benjamín por la puerta lateral de la Basílica. Ni antes ni después. A esa hora en que la ciudad todavía bosteza y los bares empiezan apenas a desperezar las cafeteras, él ya viene avanzando despacio, acompasado al golpecillo seco de las muletas sobre el suelo. Tac. Tac. Tac. Como un