Corta las caballas en rodajas de 3-4 centímetros, ponlas en un bol y límpialas bien. Cambia el agua varias veces, hasta que salga clara. Escurre el pescado y resérvalo.
Pon en una picadora o mortero el pimentón, los granos de pimienta, el orégano, el comino, el ajo en polvo, 1 cucharadita de sal y la hoja de laurel. Pica todo y pásalo a un bol grande. Agrega el agua y el vinagre de vino, y mezcla. Introduce el pescado, tapa con film de cocina y deja que repose en el frigorífico durante 24 horas.
Transcurrido ese tiempo, saca los trozos de caballa a una fuente y sécalos con papel absorbente de cocina. Mezcla en un bol la misma cantidad de harina y de sémola. Reboza los trozos de caballa en esta mezcla y, con ayuda de un colador, retira el exceso de rebozado. Calienta abundante aceite en una sartén (unos 200 ml) y fríe el pescado a fuego fuerte, vuelta y vuelta, hasta que esté dorado y crujiente.
Limpia la lechuga y corta la cebolleta en juliana. Pon todo en un bol y aliña con sal, vinagre de manzana y aceite al gusto. Mezcla bien.
Sirve 4-5 trozos de caballa en cada plato y acompaña con la ensalada. Decora con una hoja de perejil.
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Caballa en adobo
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